miércoles, 12 de octubre de 2011

CHINA: LA SEGUNDA POTENCIA ECONOMICA DEL MUNDO, EL PAIS MAS POBLADO Y EL TERCERO EN TAMAÑO NO CONSTITUYE UNA REAL AMENAZA MILITAR

¿Debe preocuparnos China?

Ángel Gómez De Ágreda

La botadura del Shi Lang, el portaaviones chino, ha hecho correr ríos de tinta este verano. Sin embargo, el mismo hecho de que nos refiramos a él como "el portaaviones" debería darnos una idea mucho más mesurada de su importancia real en el plano militar. Otra cosa es la que pueda tener en ámbitos como el diplomático, mediático o, incluso, tecnológico. Tengo que discrepar con muchos comentarios que llevo tiempo leyendo en muchos medios de todo el mundo y que siguen, sabiéndolo o no, la línea marcada desde hace tiempo por ciertos grupos de presión y de interés. Que la segunda potencia económica mundial, el país más poblado y el tercero en tamaño, construya un solitario portaaviones sobre la base de un bastante obsoleto modelo soviético no pasa de ser más que una constatación de lo relativamente modesto del estado de partida de sus Fuerzas Armadas que de lo contrario.

Ni uno ni varios portaaviones de esas características podrían suponer una amenaza real para los intereses globales de Estados Unidos. Desde luego, por su doctrina de empleo, tampoco tienen un especial significado en el control de las aguas adyacentes - defendidas mejor con misiles como el DF-21D - ni en las del Mar del Sur de China, mucho más aptas para el empleo de submarinos que de portaaviones. Por último, su posible papel en un más que improbable desembarco en la isla de Taiwán ni siquiera merece una mención en un estudio serio. ¿Con qué fuerzas anfibias iba China a invadir la isla? Si de algo tiene que estar contento Pekín es de la posibilidad de que su solitario experimento -incluso aunque viniese acompañado de otros dos buques similares para 2015- condicionase de alguna manera la política armamentística y presupuestaria de aquellos que se ven como sus rivales. En un momento en el que Estados Unidos tiene su mayor enemigo en una desbocada deuda que se ha triplicado en un par de presidencias, pueden ser más dañinos los desequilibrios que genere un presupuesto de defensa no realista que los hipotéticos aviones J-15 que China pudiera llegar a embarcar en su portaaviones.

China no ha construido el Shi Lang para combatir. Su valor es mucho mayor como símbolo que como plataforma en el estado de desarrollo en que se encuentra su aviación embarcada. El portaaviones es más el parque temático al que sus dueños aseguraron que lo iban a destinar que un buque de guerra; al menos de momento. Sobrevalorar su importancia puede servir para estimular la decaída demanda del Departamento de Defensa a corto plazo pero a costa de exponer todavía más el flanco débil de la nación en su conjunto. Resulta evidente a cualquier observador que la época que se avecina es una de multilateralismos más que de poderes hegemónicos y que los equilibrios deberán alcanzarse más a través de la innovación y la comunicación que por la supremacía militar. Aún así, sigue siendo necesario disponer de un instrumento bélico acorde a los intereses a defender. Únicamente hay que hacer una valoración realista de cuáles son esos intereses.

Ni podemos pretender que China renuncie a hacer crecer la capacidad de su aparato militar en línea con su importancia global ni debemos intentar contrarrestar dicho crecimiento con uno equivalente por nuestra parte que no venga acompañado por un mayor poderío económico. Cualquiera de las dos opciones supondría un desequilibrio que nos llevaría, por el camino más corto, a una derrota auto-infligida similar a la que terminó con la URSS. Si Estados Unidos está interesado en la libertad de navegación en los mares del mundo, China tiene casi los mismos motivos para desear otro tanto. En este caso, la colaboración parece el camino más razonable para asegurarse que el comercio que une ambas orillas del Pacífico -y el resto del mund - se mantiene libre de amenazas. Pero, si de lo que se trata es de imponer una libertad asimétrica en la que una potencia sea capaz de hacer prevalecer sus condiciones, dicha colaboración se convertirá en competencia en detrimento de todos menos los mismos grupos que pretenden ver en el Shi Lang una amenaza.

¿Debe preocuparnos la modernización de los medios del Ejército Popular de Liberación? Desde luego este ejército no es el mismo que hace un par de décadas. Su capacidad de proyección va en aumento y no podemos verlo igual que a la fuerza orientada hacia el interior y a la defensa terrestre de entonces. Sin embargo, de entre todos los avances logrados por China en los últimos años en materia de seguridad y defensa, la botadura del Shi Lang es, probablemente, de las menos significativas. Mucho más preocupantes son sus capacidades en espacio y ciberespacio y, tanto o más, la creciente influencia de su diplomacia de defensa y de sus exportaciones de armamento. La emergencia de China debe hacer que todos los demás países se replanteen su posición; no porque China pueda afectarles más o menos de cerca sino por la forma en que varía el equilibrio de fuerzas existente hasta ahora. Otros actores aparecerán que volverán a hacernos modificar posturas; India - que ya tiene portaaviones desde hace tiempo-, y Brasil -que está construyendo submarinos nucleares- serán algunos de ellos. No es la aparición de China en la escena mundial lo que cambia los parámetros por los que debemos guiarnos, es la desaparición del unilateralismo lo que realmente modifica los mismos. Los cambios que estamos experimentando son mucho más profundos de lo que muchos quieren ver y van a exigir una gran capacidad de adaptación. En el mundo global lo importante es mantener una gobernanza mundial que permita el progreso sostenible de todos. Es hora de dejar las estadísticas y las competiciones por la supremacía mundial para los deportistas y colaborar juntos en la solución de los problemas comunes.

* Ángel Gómez De Ágreda es teniente coronel de Aviación http://www.revistatenea.es/

Publicado por Sergio Aroc

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